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Autores / Rosario de Acuña y Villanueva

Rosario de Acuña y Villanueva

Escritora, periodista, política y aristócrata española, Condesa de Acuña, nacida en Madrid en 1851 y muerta en Gaguean (Asturias) el 5 de mayo de 1923. Sus primeros escritos fueron presentados bajo el pseudónimo de Remigio Andrés Delafón. A pesar de que su ascendencia nobiliaria le deparó el título de Condesa de Acuña, jamás lo usó ni se sirvió de las prerrogativas que ello le hubiera conferido.Sus problemas de visión, que le hicieron quedarse casi ciega a los dieciséis años de edad, no le impidieron acceder a una vasta formación humanística. Buena parte de esa formación la adquirió en los viajes que realizó por Europa a partir de dicha edad, en los que consiguió irse liberando de la rancia educación recibida hasta entonces en un colegio de monjas. En efecto, recorrió varias ciudades de Francia y Portugal, y gracias a la hospitalidad de un tío suyo que era embajador en Roma (don Antonio Benavides), se instaló durante algunos años en la Ciudad Eterna, donde enriqueció notablemente su formación cultural.En 1876, año en el que contrajo matrimonio con Rafael de la Iglesia, comenzó a darse a conocer como poetisa y como dramaturga. Su drama histórico Rienzi el Tribuno (influido, sin duda, por el aprendizaje de la cultura clásica que había realizado en Roma) subió a las tablas el 12 de enero de 1876, lo que otorgó a Rosario de Acuña la distinción de ser la segunda mujer del siglo XIX que estrenaba una pieza dramática en el Teatro Español de Madrid. A partir de entonces, se lanzó a una frenética actividad intelectual que fructificó en numerosas obras de creación (poesía, teatro, cuento y novela breve), y en un sinfín de trabajos críticos y teóricos (artículos de prensa y ensayos) que difundieron su nombre por todos los círculos culturales del país. Así, cada vez más conocida y respetada como figura intelectual de su tiempo, en 1884 se convirtió en la primera mujer que subía a la tribuna en el Ateneo de Madrid, donde leyó su poema Sentir y pensar.Poco a poco fue radicalizando sus posturas progresistas, primero en la defensa de los derechos de las mujeres y después, en general, haciendo suyos todos los postulados de los librepensadores de su tiempo. De su briosa militancia feminista quedó constancia en la revista El Correo de la Moda, y de su talante progresista dejó claras muestras en Las dominicales del libre pensamiento, publicación con la que empezó a colaborar hacia 1885.Se concedió por aquellas fechas un largo paréntesis en su actividad literaria, intervalo que aprovechó, retirada en su finca madrileña de Pinto, para entrar en contacto con la masonería, a través de su círculo de amistades librepensadoras. En 1886 ingresó en la logia alicantina "Constante Alona", donde adoptó el nombre secreto de Hipatía. Aprovechando que sus escritos se difundían por Francia, Portugal y Alemania, se enfrascó en una infatigable campaña en pro de los derechos de las mujeres, hasta llegar a ser una de las pioneras en España en la defensa del matrimonio civil. Pero no sólo sustentaba estas ideas tan avanzadas en las muchas conferencias y en los innumerables artículos que escribió durante aquellos años de firme compromiso progresista, sino que las aplicó a su propia circunstancia vital y se divorció de un marido del que ya se había separado al poco tiempo de la boda.En 1891, año en el que volvió a casarse (ahora con Carlos Lamo de Espinosa, tío de las escritoras Carlota y Enriqueta O'Neill), estrenó en Madrid su famoso drama El padre Juan, que conmovió los cimientos del catolicismo más caduco de la época. La virulenta crítica contra la Iglesia que arrastraba esta obra sólo permaneció en la cartelera madrileña el día de su estreno (2 de abril de 1981), ya que inmediatamente fue retirada de la escena por las fuerzas más retrógradas y conservadoras. En efecto, el día 3 de abril el Gobierno Civil dictó la prohibición de El padre Juan, con lo que vino a arruinar todos los esfuerzos que la propia Rosario de Acuña había empleado en su puesta en escena, tras admitir que nadie quería hacerse cargo del montaje: ella misma había formado una pequeña compañía, alquilado el Teatro de la Alhambra y asumido por su cuenta la responsabilidad del estreno. Por fortuna, el Gobierno Civil no cayó en la cuenta de secuestrar una edición de la obra que se puso a la venta en la misma noche del estreno, de la que en pocos días se agotaron dos tiradas de dos mil ejemplares cada una.A partir de esta fecha, la vida y la obra de Rosario de Acuña tuvieron que enfrentarse al odio que se había granjeado entre los sectores más reaccionarios de la sociedad española; pero ello no le restó un ápice de vigor en su decidida lucha en favor de las libertades, como lo prueba la polémica que originó en 1911, ya con sesenta años de edad, que le costó el retiro a Portugal durante cuatro años. A raíz de la llegada a España de la noticia de que dos muchachas norteamericanas había sido agredidas al salir de la Universidad, Rosario de Acuña escribió una carta al director de la publicación parisina El Internacional, misiva que se publicó en dicho diario y, poco después, en El Progreso de Barcelona. En ella, la infatigable escritora denunciaba en la Universidad española un grado de misoginia e intolerancia machista mucho mayor del que había escandalizado al mundo entero en los Estados Unidos de América, llegando a calificar a los estudiantes españoles de afeminados, por su negativa a convivir con mujeres. El alcance de esta carta de Rosario Acuña fue de tal calibre, que paralizó todas las facultades españolas, dio lugar a una orden de búsqueda y captura, y generó un clima de protesta contra su persona que hizo aconsejable su retirada al país vecino.En Portugal pasó cuatro largos años, hasta que el propio Rey, a instancias del Conde de Romanones, se vio obligado a levantar la orden de captura. Vuelta de nuevo a España, la anciana Rosario de Acuña se retiró a una pequeña propiedad que tenía en el pueblo costero de Gaguean, muy cerca de Gijón, en donde murió el día 5 de mayo de 1923. Dos meses después, en homenaje a su extraordinaria figura, los trabajadores del Ateneo de Gijón pusieron en escena El padre Juan, para escarnio de la intolerancia mostrada por las fuerzas represoras. Posteriormente, una sobrina de Rosario de Acuña, Regina Lamo de O'Neill, fundó la editorial Cooperativa Obrera, con la finalidad de publicar en ella todas las obras de la infatigable luchadora. A los diez años de su muerte, en plena República, se inauguró un colegio que llevaba su nombre, y se dedicó a su figura una sesión extraordinaria en el Ateneo de Madrid.

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