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Fortunata y Jacinta

Fortunata y Jacinta

Editorial: Grammata

Sello: Grammata

Colección: Biblioteca Grammata

DRM: No

Formato: EPUB

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El eje conductor de la historia es el personaje Juanito Santa Cruz. Este joven de familia adinerada, durante su época estudiantil, se corre buenas juergas con sus amigos. En una de ellas se encapricha de Fortunata, una joven de clase humilde. Termina por aburrirse de ella y desaparece de su vida. Su madre decide casarle con su prima Jacinta. Durante la luna de miel el joven le narra sus aventuras por los barrios pobres de Madrid y le habla de Fortunata. El tiempo pasa y Jacinta no puede tener hijos, ella y el resto de la familia llegan a obsesionarse con el tema. Un buen día aparece Ido del Sagrario, un pobre al que Juanito invitaba a casa para reírse de él, y le cuenta a Jacinta que sabe donde hay un hijo de su marido: de éste y de Fortunata. La joven se ilusiona con la idea de tener un hijo de su marido (dejando a un lado el dolor del engaño). Tras consultarlo con Guillermina Pacheco (una vecina santurrona), las dos mujeres van a por el Pitusín. El tutor de la criatura era José Izquierdo, tío de Fortunata, al que terminan por comprar el niño. Cuando lo habla con su marido todo resulta ser una farsa. No era suyo. Era cierto que él había tenido un hijo con Fortunata pero la criatura murió cuando él ya estaba casado con Jacinta. Ésta y su suegra le habían tomado cariño así que lo ingresan en un hospicio. Mientras tanto, Fortunata había malvivido con distintos hombres. El que no la engañaba le daba palizas o la abandonaba a la primera de cambio. Estuvo un tiempo en Barcelona. A su vuelta se instaló en el piso de Feliciana, una conocida suya. El novio de ésta solía ir a la casa con un amigo, Maximiliano Rubín. Fue allí donde el joven se enamoró perdidamente de Fortunata. Al poco tiempo le propuso mantenerla, la chica vio esto como una salida de la mala vida que llevaba: aceptó. Maxi vivía con su tía, Doña Lupe. Llegado un punto Maximiliano se quiso casar: lo consultó con su tía y sus hermanos. Estuvieron todos de acuerdo siempre que Fortunata pasara una temporada en el convento de Las Micaelas, para reformarse. Pasado este período se llevó a cabo lo concertado. En su nueva casa le esperaba una trampa a Fortunata. Juan Santa Cruz alquiló el piso de al lado y compró a la criada de los recién casados para enredar la situación. Fortunata tardó nada en picar el anzuelo. Maxi volvió a casa de su tía y Fortunata a un piso que pagaba Juanito. Con el tiempo el joven volvió a cansarse de las vulgaridades de su capricho. Se fue alejando de ella hasta abandonarla de nuevo, eso sí: esta vez le dejó una pequeña cantidad para que se mantuviera un tiempo. Fortunata tropezó con Don Evaristo Feijoo, amigo de su cuñado Juan Pablo. El hombre le propuso un trato: una buena vida a cambio de compañía. Con él estuvo una temporada, ni siquiera vivían juntos, hasta que Feijoo sintió que se hacía demasiado viejo y Fortunata se quedaría otra vez en el arroyo. Le aconsejó volver a casa de su marido y así se hizo tras mover algunos hilos. Durante este segundo matrimonio conoció a Segismundo Ballester, compañero de botica de Maxi, que estaba loco por ella. Cuando Juan la vio reformada, de nuevo quiso tenerla a su lado. Fortunata, esta vez sin huir de casa, volvió a caer. Maximiliano iba perdiendo la cabeza poco a poco. Un día con sus locuras descubrió que su mujer estaba embarazada. Para entonces Juan se había vuelto a cansar de ella. Era cierto que estaba embarazada y tras explicárselo a su tía política, doña Lupe «la de los pavos», la joven se fue de la casa. Volvió a donde se había criado, con su tía Segunda. Tuvo a su segundo hijo asistida por un médico amigo de los Rubín y el joven Segismundo. A su marido le contaron que Fortunata había muerto, no lo creyó y consiguió descubrir donde estaba; incluso se acercó a conocer a la criatura. Le contó que Santa Cruz la estaba engañando con Aurora, una amiga de la familia Rubín e íntima suya. Tan pronto como se vio sola en la casa salió a ajustarle las cuentas. A los pocos días moría desangrada. Antes de apagarse firmó una nota en la que entregaba su hijo a Jacinta. A Maximiliano, que no se sabía si estaba demasiado cuerdo o loco, lo encerraron en Leganés. El mismo día del entierro de Fortunata llegó al cementerio el cuerpo de Feijoo.

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Fortunata y Jacinta

Editorial
Grammata
Materias
Literatura Y Estudios Literarios | Literatura: Historia Y Crítica
Idioma
Español
F. Publicación
ISBN
DRM
No
Páginas
Formato
EPUB
Colección
Biblioteca Grammata
Tamaño
1504720 B
Sello
Grammata
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