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La Numancia

La Numancia

Editorial: Grammata

Sello: Grammata

Colección: Biblioteca Grammata

DRM: No

Formato: EPUB

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El cerco de Numancia es una tragedia renacentista escrita hacia 1585 por Miguel de Cervantes inspirada en la derrota de Numancia de las Guerras Celtíberas a manos del poder romano en el siglo II a. C.

También llamada La Numancia —y en sus testimonios más antiguos Comedia del cerco de Numancia, La destrucción de Numancia y Tragedia de Numancia—, se ha transmitido a partir de dos textos manuscritos: el número 15.000 de la de la Biblioteca Nacional de España —una copia de representantes (para ser empleada por una compañía teatral) del siglo XVII— y el códice «Sancho Rayón», conservado en la Hispanic Society of America, transcrito por Antonio Sancha en 1784 modernizando la ortografía, junto con el Viaje del Parnaso. Ninguno de los dos testimonios puede considerarse cercano al original cervantino, aunque los editores modernos prefieren editar La Numancia a partir del manuscrito Sancho Rayón.

Como en toda tragedia, el argumento de La Numancia debe ser desvelado desde el principio, y este es un factor fundamental en el género. La irremediable fatalidad a que se ven abocados los numantinos desde el comienzo es parte consustancial al mantenimiento de la tensión dramática en la tragedia y a lograr una efectiva catarsis final.

Numancia, una ciudad celtibérica, resiste desde hace años a las tropas del general romano Escipión, cuyas tropas han relajado sus costumbres. El general arenga a sus tropas y decide que caven un foso para tomar por inanición la plaza.

Dos embajadores numantinos ofrecen firmar una paz, pero Escipión la rechaza: solo queda vencer o morir. Dos figuras alegóricas que representan a España y al Duero profetizan la caída de la ciudad, pero también las glorias que cosechará España con Felipe II, es decir, la época contemporánea a la escritura de la obra.

En Numancia, en tanto, los augures, mediante sacrificios a Júpiter, y el hechicero, que resucita a un cadáver, prevén la destrucción de la ciudad. Sin embargo, y sin perder nunca la esperanza, los jefes arévacos proponen un combate singular (un numantino contra un romano) para decidir la suerte de la guerra. Escipión, que confía en rendir la fortaleza por el hambre, no acepta la propuesta.

Extenudados ya los habitantes de la ciudad, se aprestan a una salida desesperada, pero las mujeres, que temen quedarse tras la probable derrota a merced de los romanos, les piden que destruyan los bienes materiales de la ciudad, consuman la carne de los pocos prisioneros romanos y les den muerte antes de sufrir la indignidad de ser ultrajadas por el ejército de Escipión. Posteriormente, se dan muerte unos a otros. Los romanos entran en una ciudad inerte cuando ven al último de los habitantes de Numancia arrojarse al vacío desde una torre para evitar que ningún numantino tenga que pasear como trofeo de guerra en el desfile victorioso de Roma.

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